¡A morro!

¡A morro!

Entre las más elementales normas de la buena educación, las buenas maneras en la mesa, la educación social, la urbanidad o como quiera que lo llame cada uno, está la de no beber a morro. Para beber están los vasos.
Si, ya sabemos que las cosas cambian y que la cerveza a morro sabe mejor o que un refresco a borbotones por la garganta es la chispa de la vida. Sobre todo en la playa, en las meriendas en el campo o en aperitivos distendidos en el jardín de casa.
Pero en determinadas ocasiones en las que la solemnidad cuenta, -y una gala de entrega de los premios de cine más importantes de nuestro país lo es- , si la actriz que recibe el premio de honor y toda una presidenta de la institución que entrega los galardones, tienen que beber agua a morro para aliviar la sequedad provocada por el discurso que están leyendo, es que hay un fallo de organización.

Siempre, siempre que en un acto haya intervenciones, hay que pensar en atriles. Son imprescindibles en muchas ocasiones y para muchas personas. Pero, aun así, si ni el orador quiere, ni se estima necesario… ¡en algún sitio cercano hay que tener un vaso de agua preparado! Que no lo tenga que pedir el orador en pleno discurso…¡que no es momento! ¡Que es tremendo que tengan que interrumpir su minuto de gloria porque alguien no ha hecho su trabajo!

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Son capturas de pantalla, y por eso no son buenas fotos, pero si queréis ver la secuencia completa,  este es el discurso de la presidenta Yvonne Blake (a partir del minuto 6.20´).

Y este es el video de la actriz Ana Belén (a partir del minuto 9.50´ en el que se gira y pregunta “si no está previsto” lo del agua…)