Bodas de septiembre

Bodas de septiembre

Suponemos que os habréis fijado que este blog no trata mucho “el mundo boda“. Somos de la opinión, que las bodas de hoy son bastante más que un asunto familiar. Se han convertido en un gran negocio que mueve muchos millones y que “vuela” ya muy lejos de las ceremonias organizadas en las casas por la novia, su madre y las mujeres de la familia y en las que el novio poco tenía que opinar. Ellas decidían el escenario, ellas elegían a los actores y ellas elegían el vestuario. Era una pequeña revolución casera en la que los demás participaban de comparsas y que animaba el cotarro durante meses.

El protocolo tenía su cabida y se solía cuidar y aplicar como parte de esas costumbres y tradiciones que sumadas constituían el “modo boda”: ni se dudaba…¡a ver qué iba a pensar la gente!

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Todo esto es historia. Hoy en día la industria de la boda florece: los restaurantes, los diseñadores de moda nupcial, los “weddingplanners“, las listas de boda, los fotógrafos, maquilladores, peluqueros…¡no hay boda que se precie que no pase por tener de todo esto y más! ¡Menudo churro si no tienes Candy Bar, Photocall con disfraces, libro de firmas, pompas de jabón, regalitos personalizados, zapatillas pra el baile, echarpes contra el frío y toda la parafernalia que parece imprescindible para el éxito del evento!

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Y eso sin contar con la “teatralización”, que tan de moda está, porque las bodas en los ayuntamientos dejan poco espacio para florituras y los concejales no casan en cualquier parte. Es decir, boda igual a evento.

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Como en todo evento de hoy, el protocolo puede, o no, jugar su papelito. ¿En qué parte? ¿En ordenar a los novios y los padrinos ante el altar, en la procesión de entrada y salida de la iglesia, en el orden de los invitados en los bancos…?

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Si, pero sólo si es boda religiosa. En las civiles, los testigos los ponen donde hay hueco; los novios entran juntos y los invitados se sientan donde hay huecos en la sala de plenos de los ayuntamientos.

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Salón de un hotel preparado para una boda civil

¿Y en la etiqueta? ¿No tenemos nada que aportar? Bueno: ahí vamos. En lo que marca o marcaba y en lo que se ha quedado, dados los muchísimos cambios que este modelo de evento han introducido en este terreno. Nos hacen muchas preguntas al respecto. Especialmente en primavera, pero cada vez más en estas fechas: las bodas de septiembre tienen muchos partidarios. Ellas están estupendas tras las vacaciones, y la incorporación de la pareja a sus respectivos trabajos cuesta menos con la perspectiva del viaje de novios.

Os vamos a contar lo que nosotros aconsejamos cuando nos preguntan: pero ni es ley, ni “lo manda” el protocolo. Sólo es de lógica.

La novia y el novio

Empecemos por ellos: lo habitual es que luzcan un chaqué. El chaqué es prenda de etiqueta de las mañanas, y se utilizaba porque antes -en la época que hemos llamado historia- las bodas se celebraban antes del mediodía y la costumbre era agasajar con un “lunch”, o incluso un desayuno, a los invitados. Los curas no casaban por la tarde/noche. De dicha época nos hemos quedado con el chaqué -mola más que un traje oscuro- y nos hemos olvidado del resto: ¡es poca juerga y además, cortita! Así que los novios lo lucen por la noche tan contentos. En muchos sitios de alquiler de trajes lo llaman “chaqué del novio” y aunque hemos preguntado por la diferencia con un chaqué normal, no han sabido qué contestar. Salvo uno y nos dejó “planchados”: “porque lleva chaleco de color”.

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El traje de una novia no admite opiniones: y menos dárselas a ellas cuando quieren uno y sólo uno. Antes se aconsejaba que si la ceremonia era religiosa, se abstuvieran de escotes, palabras de honor y hombros al aire. Pero, ¡a ver quien es el bonito que se lo dice hoy a una novia que tiene en la cabeza un modelo de esta forma! Si la boda es civil admite de todo: el límite lo debería marcar el buen gusto, pero ¿y eso qué es?

Los testigos de los novios

Vestirán en la línea de lo que marque el novio: si éste luce chaqué, los testigos lo lucirán igual. Y no se pregunta más y no se comenta nada sobre la hora… Si llevara traje oscuro, ¡deberían no olvidar la corbata! ¿Pero y si el novio pide informalidad a tope…camisa o polo y pantalón? Pues, adelante.
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Para las testigos vale lo mismo: no es que se tengan que vestir de novia -aunque algo similar se haga en Estados Unidos- pero sí en su línea y atendiendo a los mismos consejos que hemos comentado para las bodas religiosas. Siempre puede haber un sacerdote que se niegue a oficiar por indumentaria indecorosa ..¡lo hemos vivido!

Los invitados

Esto se pone peliagudo. Dado que cada vez son más las bodas de tarde/noche lo del vestido largo es imparable. Pasa lo mismo que con el chaqué: boda de mañana no concuerda con traje largo. ¿Está mal? No: no pasa nada, como dice el anuncio. Antes no se haría, pero ahora…¡¡volvemos al dile tu a la mejor amiga de la novia, que eso no se lleva, que se tape los brazos, que se suba el escote, que se sujete el tirante, que no enseñe las piernas!! Así pues, la moda manda y que cada una aguante después las críticas.

¿Qué pasa con los colores? Ya nos sabemos todos eso de “ni blanco, ni negro”. Pero ¿y si la novia va de rojo? ¿Y si el baile es de noche? Pues eso: adecuemos la etiqueta a la fiesta, porque el hecho de que sea una boda, a esas alturas, ya es lo de menos.

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¿Qué nos recomendáis? Nos preguntan. En general solemos contar todo esto que os hemos escrito y aportar algunas ideas en cuanto a la logística del acto, porque cada boda es única y cada novia, un mundo.

Lo que sí planteamos siempre a las parejas, y lo hacemos por experiencia, es que piensen en “separar” el evento por tramos para darle a cada uno de ellos el peso y solemnidad que deberían tener. Casarse no es un juego aunque lo parezca: especialmente porque cambiar de estado civil implica mucho más de lo que algunos se creen.

Si la ceremonia es religiosa, organizarla de mañana. Con la solemnidad que requiera, el recogimiento que apetezca a la pareja y la seriedad que requiere ese compromiso que adquieren, además, por su fe. Tras la ceremonia, un pequeño aperitivo o cóctel para los invitados. La pareja después se retiraría a descansar: la fiesta se puede organizar para la noche: cena fría o cóctel y baile.  Pueden cambiarse de atuendo y retocar maquillaje y peluquería: ¡fantasía para la novia y comodidad para el novio! Y así se evitan esos invitados trajeados que han perdido la corbata, llevan el chaleco manchado con restos variados, los tocados torcidos, los tacones en la mano y lo maquillajes hechos un asco de todo el día …. ¡en general, tras algunas horas de boda, la mayoría luce un aspecto bastante desaliñado!

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Si la boda es civil….¡hay parejas que van al juzgado/ayuntamiento a firmar en vaqueros y dejan los modelitos para la noche o para la teatralización del acto! ¿Qué hacemos entonces? La novia no va a renunciar a sus galas y tampoco va a permitir que lo haga el novio, de manera, que tendrán que ofrecerles a sus invitados la posibilidad de estar más cómodos tras la comida/cena/cóctel (aunque casi no hay matinees): entregar zapatillas, bailarinas o alpargatas a las mujeres, dotar a los baños con todo tipo de “útiles de belleza” y poner a disposición de todos un buen servicio de guardarropa para dejar chaquetas y corbatas a buen recaudo: ni uno aguanta con todo puesto hasta el final!

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¡Y felicidades a los novios, Álvaro y Verónica, que se casan el 26 de septiembre y a quienes va dedicado este post!

(Fotos: Inma Mesa y archivo propio)