De 1066 a nuestros días: la coronación de un monarca británico (III)

De 1066 a nuestros días: la coronación de un monarca británico (III)

Una vez coronado, el rey, precedido de los caballeros que portan la Espada del Estado, de la Justicia Espiritual, de la Justicia Temporal y de la Misericordia y los lores que han servido de asistentes en la ceremonia previa, es confirmado en el trono.
Primero le juran lealtad obispos y arzobispos con el siguiente juramento:

“Yo, (…), arzobispo (u obispo) de (…), seré fiel y honesto, y lealtad y honestidad os juro a vos, nuestro Señor Soberano, Rey de este reino y Defensor de la Fe, y a vuestros herederos y sucesores que lo sean según la ley. Que Dios me ayude”.

Juramento obispos

Después, prestan vasallaje los nobles, que lo hacen ordenados por rango siendo siempre primero de cada rango, el primero de su clase: el primer duque, el primer marqués…

“Y, […], duque [o marqués, conde, vizconde, barón o señor] de […], me convierto en vuestro vasallo y devoto servidor en la tierra, y, leal y honestamente, os juro vivir y morir en vuestra defensa contra cualquier enemigo. Que Dios me ayude”.

Juran también lealtad al rey los miembros de la familia real.

En la coronación de Isabel II, el primero en jurar lealtad tras los obispos, fue el Duque de Edimburgo, su marido. El Duque se acercó al trono -elevado sobre una tarima de varios escalones- coronado y vestido con un manto de estado. Al quedar frente a la reina, se quitó la corona, que dejó en manos de un paje que, muy tiesecito estaba allí para cumplir esa labor, subió ese par de escalones, se arrodilló ante su mujer y le juró lealtad a la reina.

Es impresionante el movimiento de bajada de escalones de frente a la reina, sin titubear, para no darle la espalda. Lo repiten todos y cada uno de los nobles que tras él, repiten el juramento. Estos movimientos, tan medidos y ensayados, son parte de los miles de detalles  que dan esa solemnidad tan apabullante a la ceremonia. Es muy interesante, para todo amante de estos actos, fijarse en la exactitud de los pasos, admirar esta “coreografía protocolaria”. Nada se deja al azar y también ésta, como otras muchas ceremonias, se ensaya. De hecho “se coronó” a Lavinia, Duquesa de Norfolk que sirvió de doble de la reina en dichos ensayos.
Duquesa de Norfolk Duquesa de Norfolk 2ensayos

Después de coronar al rey, se corona a su consorte. Si es mujer, en ceremonia posterior más sencilla, pero si es hombre, como en el caso del Duque de Edimburgo, se inicia un rito nuevo. Como ya hemos comentado, el consorte se acercará al altar pasando al lado de su mujer, que ha dejado el trono. Se arrodilla ante el altar y tras ser coronado, tomará la comunión con la reina, arrodillados ambos ante el altar mayor.

Duque de Edimburgo

Antes de salir de la Abadía, el rey pasa a la capilla de Eduardo el Confesor precedido por los portadores de la Espada del Estado, de la Justicia Espiritual, de la Justicia Temporal y de la Misericordia. Depositará sobre el altar de esta capilla tanto la corona de San Eduardo con la que ha sido coronado, como los cetros y otras joyas que ha recibido durante la ceremonia.

Isabel II con el manto, el orbe y el cetro

Allí se cambia la corona -se ceñirá aquí la Corona Imperial del Estado-, y se quita el manto real que  sustituye por la capa carmesí o Crimson surcoat.

Comitiva

De esta capilla sale en comitiva llevando en su mano derecha el cetro y en la izquierda, el Orbe. Cruza el coro y la nave central en procesión mientras los asistentes cantan el himno nacional.