Uniformes olímpicos: de la nada al diseño

Uniformes olímpicos: de la nada al diseño

Nos acercamos a los Juegos Olímpicos de Tokio: se inauguran el 23 de julio. Evidentemente no van a ser unos juegos como los anteriores a los que estamos acostumbrados. Retrasarlos un año por la pandemia y ponerlos en marcha aun sin haberla podido vencer es un reto enorme que los va a hacer diferentes. Eso, sin embargo, no quiere decir que no se vayan a cumplir los hitos protocolarios que acompañan a las ceremonias de inauguración, premiación o clausura. ¡Son esenciales en su organización y están recogidos en la Carta Olímpica! Entre estos hitos y dentro de la ceremonia de inauguración, el desfile de los atletas es uno de los favoritos de muchos espectadores. A este desfile, y más concretamente, a los uniformes de los atletas le vamos a dedicar el post de hoy.

De la nada …

Los atletas de los Juegos Olímpicos de la antigüedad participaban desnudos en las diferentes disciplinas: combates, lanzamiento de disco o de jabalina, carreras a pie, diferentes tipos de lucha o carreras de caballos.

Al fin y al cabo, en la competiciones no participaban mujeres con lo que aquello quedaba entre hombres. ¡Eso es algo que saben bien los lectores de las aventuras de Astérix el galo!

Claro, que eso fue en la primera época. En la olimpiadas modernas que puso en marcha el Barón de Coubertin en Atenas en 1896, se fueron incorporando poco a poco aunque las primeras no lo hicieran hasta las de Paris en 1900. Los atletas de esos primeros juegos utilizaban su propia ropa: aquella con la que entrenaban en sus gimnasios, sus pueblos o donde fuera que se prepararan para las competiciones. Unos pocos privilegiados llevaban el uniforme del club privado al que representaban: ya fuera de remo, de atletismo o de gimnasia. Elegían las prendas por comodidad ajustándolas a cada atleta. Se confeccionaban aquellas que entrenadores o empresas diseñaban o creaban partiendo de ideas ideas y tecnología aportada con el avance del desarrollo industrial. Tejidos y calzado por delante de todas.

 … al diseño de los uniformes olímpicos

Con el tiempo la necesidad de adaptar las prendas deportivas como parte de la estrategia para mejorar marcas y récords abrió el campo a una industria muy especializada capaz de ganarle segundos a los tiempos de los atletas. En este terreno entran desde las zapatillas para cada tipo de deporte, o incluso de distancia  a correr, a los bañadores de una sola pieza y cuerpo entero que parecen convertir a los nadadores en peces: los llamados fastskin, cuyo tejido busca parecerse a la piel de los tiburones. ¡Apenas absorben agua…lo que frente a los varios kilos que pesaban los bañadores de algodón claramente influía en el resultado final de la competición!

Pero una cosa es la prenda deportiva con la que van a competir y otra, el uniforme con el que van a desfilar. Y en este punto es en el que la imagen ha ganado otro terreno en el que antes no se pensaba tanto. La imagen de un equipo entrando en un estadio olímpico es la imagen de un país. Cada centímetro cuadrado de cada uno de los atletas es -como ahora decimos- “imagen de marca”. Imagen de país.

No es de extrañar pues que, visto el nicho, los diferentes gobiernos no quisieran desaprovechar la ocasión. A la competición deportiva se unió la carrera por la imagen. Y con ella la inclusión de elementos de identidad nacional allá donde podían verse. Y no sólo de los colores de las banderas respectivas, que era un recurso muy utilizado. Para las olimpiadas de Montreal de 1976 se encargó a diseñador Roy Halston -icono del glamour neoyorkino de la época dorada de Studio 54- el diseño del uniforme de los atletas norteamericano. No en vano: Estados Unidos pasaba por malos momentos en lo político pero, paralelamente, Nueva York admiraba al mundo por la creatividad que emanaba de sus empresas, sus artistas y su vida cultural. La elección buscaban transmitir ese espíritu: ver a los atletas debía provocar la admiración por la riqueza creativa del país.

Tras él, la lista de diseñadores empezó a crecer: y a seguir esta misma senda. Proyectar imagen era la meta. En 1980 se encargó esta misión a  Levi Strauss & Co. -el oeste americano, su valentía y trabajo duro, la conquista de territorio… – que incluyó el sombrero vaquero entre las 30 piezas en que consistía la equipación completa.

En 2008 entró en escena Ralph Lauren y desde entonces, y año a año, no sólo el diseño, sino también la tecnología con la que se fabrican ha ido marcando la pauta a otros países. Para las olimpiadas de 2016 en Río de Janeiro, el equipo olímpico cubano vistió de Christian Louboutin con chaquetas inspiradas en prendas tan cubanas como la guayabera; en 2012, los británicos desfilaron de Stella McCartney. ¡El sonido del pop británico emanando del recuerdo que conlleva el apellido de la diseñadora!.

 

Si de estilo, moda e imagen se trata, a la cita no podía faltar Italia. Su equipo para Tokio lo firma Giorgio Armani. Los canadienses Dean y Dan Caten, o, lo que es más conocido, Dsquared2 se encargaron de los suyos en 2016 mientras que en Suecia echaron mano de su archifamoso H&M. País, marca y deportista.

Esos otros uniformes

Con este par de ejemplos -¡hay tantos que sería imposible resumirlos todos en un post!- claro nos queda que nada es casual en los uniformes que veremos entrar en el estadio olímpico de Tokio. Nada. Ni siquiera el de las atletas musulmanas a las que su religión les prohíbe vestir con la misma libertad que a otras atletas femeninas en las mismas competiciones.

Las normas para vestir a los atletas olímpicos las marcan las diferentes federaciones internacionales aunque sean sus comités olímpicos nacionales las que finalmente acepten o no las propuestas que reciben de éstas. En la Carta Olímpica no hay norma escrita que permita o no una determinada prenda. Pero sí hubo una ligera modificación en su artículo 26.1.1 cuya redacción abrió la puerta de los Juegos a estas deportistas:

…corresponde a las federaciones “establecer y aplicar, de acuerdo con el espíritu olímpico, las reglas relativas a la práctica de sus respectivos deportes y velar por su aplicación“.

Llegados a este punto nos podríamos preguntar por los nuestros….. Pero casi que para los uniformes olímpicos de España vamos a necesitar un post entero… ¡Habría tanto de ver y comentar! Porque tener, los tenemos…. no son de Felipe Varela, Ágatha Ruiz de la Prada, Adolfo Domínguez, Purificación García, Amaya Arzuaga, Custo Dalmau…. pero ahí están. ¿Habéis visto los que van a lucir nuestros deportistas en Tokio?

Son de la firma JOMA y se presentaron a principios de este mes. Y es importante saber que, según explicó en dicha presentación Alberto López, director de Joma:  “Esta colección tiene mucho de reciclado, de plástico reciclado del mar. Una camiseta usa entre 5 ó 6 botellas de plástico”.

¿A qué da para otro post? Pues nos pondremos a ello.

(Fotos: ánfora de Rodas, del British Museum; bañadores; equipo estadounidense 1976; EEUU Juegos Olímpicos de invierno, 1980: Jerry Cooke/Getty Image; Stella McCartney; Armani; Ralph Laurent; Canada; Suecia; Sarah Attar, Londres 2012; voley playa; España)