Ya hemos visto en el blog las malas pasadas que nos pueden jugar los fotógrafos y su eterna búsqueda de la foto maldita.
Sobre todo, con las traseras y los fondos.
Pero, el diablo enreda en todas partes, y hasta el cartel más pequeño, en el lugar menos sospechoso, puede resultar un arma de destrucción masiva.




Pingback: Mayo: mes de detalles protocoleros | Protocolo a la vista