San Isidro Labrador: patrón de Madrid
Hoy es el día del patrón en la capital. El 15 de mayo se celebra San Isidro y con ello las fiestas en Madrid. Toros, feria, verbena y pradera. Lo más castizo. ¿Vemos algo de sus orígenes y de las fiestas?
¿Quién fue San Isidro?
El bueno de Isidro era labrador nacido en Madrid en una familia de colonos mozárabes cuando la ciudad pertenecía a la taifa de Toledo a finales del siglo XI. Estaba casado y era padre de un hijo. Poco tiempo después de su nacimiento Alfonso VI reconquista el territorio -zonas de las actuales provincias de Madrid, Toledo y Guadalajara-, y como es costumbre concede grandes fincas y tierras a aquellos que le habían ayudado en la guerra. Así, los habitantes de los pueblos y ciudades antes bajo dominio musulmán pasan al servicio de estos terratenientes que necesitan colonos para sus nuevas posesiones: artesanos, labradores y otros trabajadores para sacarle rendimiento a las tierras. Isidro entre ellos.
En verdad se conocen pocos detalles sobre su vida. Lo que se sabe se basa en un códice -el Códice de San Isidro o de Juan Diácono– escrito a finales del siglo XII y encontrado en la iglesia de San Andrés en el barrio de La Latina en Madrid -su barrio de nacimiento- durante un inventario en 1504 junto a su cuerpo incorrupto. En este códice se relatan cinco milagros, entre ellos el conocido de los bueyes que araban solos mientras él rezaba, y su habilidad como mediador divino para que lloviera en primavera. Pero entre los que posteriormente servirían para su canonización no se cuenta ninguno de éstos: se le fueron añadiendo después. Pero, sí parece que aunque no era santo aun, los madrileños ya le rendían culto por ello. El Papa Pablo V le beatificó en el año 1619 y Gregorio XV le canonizó en 1622. La bula de la canonización se publicó en 1724, siendo Papa Benedicto XIII. Reinaba ya Felipe IV en España que convirtió el acontecimiento en toda una serie de celebraciones en Madrid. Durante las mismas estableció el 15 de mayo como su festividad y aprobó que fuera patrón de la Villa y Corte de Madrid.
San Isidro y la monarquía
La popularidad de Isidro le debe mucho a los monarcas españoles. No sólo ser patrón de Madrid fue cosa de un rey. Durante los siglos XVI y XVII contó siempre con su apoyo. Las reinas de España en cuanto caían enfermas se encomendaban al santo. Felipe II se recuperó de unas fiebres cuartanas tras beber agua de la fuente de la pradera de San Isidro que está en la orilla derecha del río Manzanares. Por ello, y junto a la fuente, que originalmente era manantial, la emperatriz Isabel de Portugal, su madre, ordenó que se construyera una ermita en 1528, aunque la fecha no sea exacta. Según en qué libro se consulte, también la hemos visto datada en 1537 y en 1587.
La Pradera de San Isidro
A principios de la primavera, y según la creencia popular, se organizaba una romería asociada al santo, para ir a beber agua al manantial milagroso. Decían que había brotado espontáneamente del suelo al clavar Isidro su aguijada* y que por ello eran aguas curativas. Los romeros después pasaban el día en las praderas cercanas al río. De ahí nace la costumbre de ir a la pradera. Allí comían, bebían y se divertían con juegos y entretenimientos de la época. Goya lo inmortalizó en sus conocidos cartones para tapices sobre temas bucólicos, de caza, estampas rurales y populares.
Hoy en día es ya un parque –parque de San Isidro o Pradera de San Isidro, catalogado por el ayuntamiento de Madrid como tal en 1970 que tiene casi 400.000 metros cuadrados de extensión en los que se incluye el recinto ferial para las fiestas del patrón.
Costumbres en San Isidro
Vamos a apoyarnos en el relato de Ricardo Sepúveda* para ir entrando en lo que la costumbre dice que son las fiestas de Madrid:
Al amanecer empieza el movimiento de los romeros contemporáneos. No es ya la tradición religiosa, o la devoción al glorioso San Isidro, la que conduce a la mayor parte: es el deseo de divertirse y cometer toda clase de locuras, casi en las barbas del santo. Una nube de carruajes de todos los tiempos y procedencias, desde el calesín carcomido hasta la diligencia (solo falta el tranvía que acaso le veamos algún año), se lanzan a todo escape, desde la Puerta del Sol, cuesta abajo por la de la Vega, o se desbocan desde la plaza de la Cebada y sus contornos, por la Fábrica del Gas, hasta la puente Toledana y ermita de San Isidro, […] Una vez en la pradera es verdaderamente magnífico el espectáculo que allí se ofrece, sin contar el de las innumerables tiendas de vinos o binos, que todo se lee en el tránsito. […] mucho Tío Vivo, y algún tío muerto en riña, como suele suceder…
En los alrededores de la pradera se instalaban tenderetes de todo tipo. En unos se vendían las rosquillas del Santo: tontas o listas según si tenían o no recubrimiento de azúcar; las de Santa Clara; las francesas que trajo consigo la reina Bárbara de Braganza -con azúcar glasé y almendras en grana- o las de «Fuenlabrada» y de la «Tía Javiera», que se vendían ensartadas en un cordel. También había almendra garrapiñada, «torraos» (garbanzos fritos), encurtidos y escabeches. Se bebía vino -«chicos de Valdepeñas»-, cerveza con limón -«claras»- o limonada.
Pero también había puestos de venta: especialmente de botijos -«coloraos» o amarillos, según si venían de Alcorcón o de Ocaña- y de pitos, que son de cristal y se llamaban, y llaman, pitos del Santo.
Evidentemente, también se bailaba. Claro que en su origen no era el chotis. Este baile no llegó a nuestro país hasta mediados del siglo XIX. De origen escocés -de ahí el nombre- se bailó primero a modo de polca. Después se popularizó y acabó siendo un baile madrileño. Se baila al son del organillo y se supone que, dado que la mujer gira alrededor del hombre y éste, alrededor de su propio eje, no es necesario más espacio que una baldosa para bailarlo. Las mujeres se visten con mantón de Manila y pañolón con clavel en la cabeza, además del traje de lunares con volantes, y los hombres, con chaleco, pantalón a rayas o pata de gallo y parpusa, que es una gorra con visera. Sobre el origen de lo que hoy se conoce como trajes de chulapos habría mucho que hablar: como el chotis, son inventos que han llegado después y se han incorporado a la fiesta. Ahora son de lo más castizo.
San Isidro el castizo
Hablando de castizos…el adjetivo que significa simplemente que «tiene origen conocido y casta», se asocia generalmente sólo a los madrileños. Se supone que son las características de la identidad cultural de Madrid, la de los «majos», «manolos», «chulapos» y «chisperos» de los barrios de Lavapiés y Chamberí retratados en la obra costumbrista de Mesonero Romanos, Pérez Galdós, Carlos Arniches o Pedro de Répide y en las zarzuelas de Bretón, Chapí o Chueca. Refleja un modo de ser -una chulería- que se oponía al cosmopolitismo de otras sociedades. Reafirma una manera de ser glosada por muchos autores del XIX que arraigó en las clases obreras de aquel siglo y se ha incorporado ya al folklore local.
*Vara larga con un hierro en forma de ancla o de paleta en un extremo, que emplean los labradores mientras aran para apoyarse y para separar la tierra que se pega al arado.
** Ricardo Sepúlveda: Madrid Viejo, publicado en 1888.
(Fotos: San Andrés; San Isidro; fuente; cartón de Goya; pradera de San Isidro; pitos del Santo; rosquillas; chulapos;








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