En todos los viajes oficiales, reuniones de trabajo, bilaterales, cumbres y demás formas de juntarse que se tercien, es inevitable que los convocados se sienten alrededor de una mesa a comer, cenar o desayunar. ¡Y que se hagan una foto!
Sin embargo, yo creo, que si bien lo primero no lo pueden evitar, pues no hay nada mejor que una mesa para trabajar a gusto, y, al fin y al cabo es a lo que van, lo segundo deberían evitarlo.
Las mesas de trabajo a las que se le suman además de papeles y carpetas, menaje y alimentos son «feas»: no son esas fantásticas mesas de comedor montadas para cenas de gala, que, además, se fotografían siempre antes de poner en ellas cualquier alimento o bebida, si no un «totum revolutum» que da una imagen, al menos, rara. Cruasanes con uvas, casan mal con carpetas y jamón. Parecen un catálogo de un supermercado.
A la muestra me remito….
Angela Merkel con el Primer Ministro de China



Madre mía, con el cuidado que hemos tenido nosotros cuando trabajaba en la universidad ¡hasta quitábamos las etiquetas de las botellas de agua en las mesas presidenciales!
Y el de la derecha está ya sirviéndose, por poco sacan a la Sra Merkel a carrillo lleno degustando su croissant…
¡Si, la guerra contra las botellitas de agua también la tengo yo! Publicidad gratuita..
Gracias por participar!
Pingback: ¡Comer pastas…? ¡Si, las justas! | Protocolo a la vista