Cuando hablamos de elegancia decimos -o al menos deberíamos saber- que no es la ropa, las piezas, la indumentaria, lo que hace elegante a una mujer. Es ella misma. Se ponga lo que se ponga, siempre resultará elegante.
Esta misma teoría la podemos aplicar a las reinas. Algunas, ni con la corona puesta. Otras, sin embargo, son reinas a todas horas:
ya sea al recibir en audiencia a alguna autoridad o con esa mirada de mujer y cómplice de su marido…. ¡reina siempre!





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