Elegancia, moda y códigos de indumentaria: Givenchy en el Thyssen

Elegancia, moda y códigos de indumentaria: Givenchy en el Thyssen

Como sabéis, queridos seguidores, ayer estuvimos en la jornada El espíritu de Givenchy que organizó el museo Thyssen-Bornemisza con motivo de la exposición sobre el modisto que se exhibe actualmente. Hoy el post lo dedicaremos a estos tres conceptos del título pues, como protocoleros que somos, este es un terreno en el que tenemos que saber movernos para poder asesorar correctamente en caso necesario.

La jornada, también tocó otros asuntos interesantes para entender la importancia de la ropa y su desarrollo: de ser una necesidad a ser una forma de comunicar imagen y, consecuentemente, una industria. Resumiremos, en lo posible, las diferentes conferencias, pues el conjunto de las charlas es importante para calibrar la importancia que la vestimenta tiene en nuestra sociedad actual.  Como bien dijo la profesora Lourdes Cerrillo en su conferencia: a  partir de los 60, moda y cine son dos nuevos vehículos de comunicación: crearán iconos.

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La profesora Amalia Descalzo partió del rectángulo de tela en el que envolverse contra el frío y avanzó por los siglos de nuestra historia para ir explicando los cambios que ese rectángulo ha ido dando hasta hoy. Nos pareció interesante saber que no es hasta 1775 cuando se reconoce, en Francia, el derecho de la mujer a trabajar en las sastrerías. Hasta entonces la ropa la confeccionaban los sastres para los hombres y las mujeres cosían para sí mismas y en sus casas. Al imponerse los grandes diseños de mucha complejidad que marcan la moda en la corte de Luis XIV se pensó que para ayudar a vestir a la mujer, era mejor que fueran también mujeres quienes trabajaran en aquellos vestidos de la época y por tanto se les autoriza expresamente para ello.

Marie Antoinette de Elisabeth Vigée-Lebrun 1783  María Antonia Josefa Joana de Habsburgo-Lorena,  Picture 29835

De esa manera, el centro de la los talleres de costura, de la moda al fin y al cabo, se empieza a establecer en París y de ahí ya no se moverá a pesar de las muchas vueltas que fue dando el mundo después. Es la cuna de la alta costura y su primera gran embajadora fue la reina María Antonieta, que asesorada por Mll. Bertin -hoy lo llamaríamos “personal shopper”- puso de moda peinados, zapatos, complementos y vestidos.

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Las mujeres empezaron a copiar aquello que la Corte sugería y los modistos de la época diseñaban en función de sus gustos. Más o menos hasta que el británico Worth se instaló en Paris en 1858. Abrió su taller de moda en la Rue de la Paix y consiguió imponer sus criterios. Se le considera el padre de la alta costura y fue el primero en presentar una colección al año y en organizar desfiles de moda. Entre sus clientas, la emperatriz Eugenia de Montijo.

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z8142615QCharles-Frederick-Worth-1Charles Frederick Worth, su marca y una de sus creaciones

Se habló también de Poiret, primer modista que creó perfumes y cosméticos asociados a su marca y primero en reconocer la importancia de entrar en EEUU; y del golpe que supuso la I Guerra Mundial para la incipiente industria de la moda, aunque del tiempo de entre guerras surgieran figuras como Coco Chanel o Madelaine Vionnet. La II Guerra Mundial obligó a muchas casas a cerrar  y el declive de la alta costura dio alas a la industria americana. Aún así Lucien Lelong, modista de éxito en las décadas 1920 a 1940, consiguió que las casas de alta costura -92 empresas- pudieran seguir abiertas en París durante la guerra.

Paul Poiret Fitting Woman in Dress Paul Poiret probando un vestido (© Underwood & Underwood/Corbis

Vimos después el éxito del “petite robe noire” que crea Coco Chanel. La conferencia de Lourdes Cerrillo, profesora de Historia del Arte en la Universidad de Valladolid,  giró en torno a las tres propuestas modernas que subyacen en esta pieza ya clásica del vestuario de la mujer: lo moderno está en la imagen, en la identidad y  en el color negro. El negro pone la suntuosidad y ayuda a enfatizar la personalidad de quien lo luce.

Petite robe noire 1926 Petite robe noire  (KCI The Kyoto Costume Institute)

Igor Uría, Conservador jefe del Museo Cristóbal Balenciaga, nos habló de los tejidos. Su conferencia El olor de la seda fue un viaje por las diferentes formas y colores de los tejidos que Givenchy utilizó en sus creaciones: los bordados, los teñidos y especialmente, su combinación de tres colores: tres es número mágico, decía y su combinación no puede ser mala. La influencia de sus abuelos -gestor de manufactura de Gobelinos él y coleccionista de tejidos ella- harán que esta fase de la creación de sus modelos la cuidara al detalle: los bordados en los tejidos de Givenchy son obras de arte. Y los colores y estampados que escoge para sus creaciones marcan un hito: limones, monos…

detalles  tejido limones

Lola Gavarrón, escritora y periodista, nos sumergió, literalmente, en el mundo del perfume. No sólo en las mujeres -musas- que inspiraron los de Givenchy, sino también en sus frascos, en la historia de sus diseños y en su utilización en función de un fin determinado. Impresionante todo lo que se mueve alrededor de un aroma.

Chanel nº5 El Nº 5 de ChanelVaron Dandy Varón Dandy para colección

Tras la pausa de la comida,  Miriam Vizcaíno, profesora del Centro Universitario Villanueva, repasó los diseños que Givenchy creó para ocho películas de la actriz Audrey Hepburn.  Posiblemente sean sus creaciones más conocidas y difundidas, aunque el modisto fuera el creador de los modelos que Jackie lució en la campaña electoral de John F. y aunque en los años 60 vistiera a las muchas mujeres de gran fuerza mediática de estos años: la Duquesa de Windsor o Farah Diba entre otras.

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La clave del éxito de estos modelos se basó en la absoluta afinidad de almas entre el modisto y la actriz.
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Aunque es conocido, supimos cómo empezó la relación entre los dos. Se iba a empezar a rodar “Sabrina” y aunque la Paramount utilizaba a sus propios diseñadores de vestuarios -encabezados por Edith Head- se aceptó a regañadientes que a Audrey Hepburn la vistiera un modisto francés. Se pidió, tras algunas dudas, a Givenchy que la recibiera en su taller y el modista aceptó pensando que esa Miss Hepburn era la otra Hepburn, Katherine. Cuando se dio cuenta -ya en su taller- del error, simplemente se limitó a decirle a Audrey que escogiera un par de modelos de la colección del año anterior, pues no tenía tiempo para diseñar para ella el vestuario de la película.

Audrey Hepburn, Humphrey Bogart and William Holden in "Sabrina"  Vestido de cóctel con escote “Audrey”

audrey-hepburn-givenchy-wedding-dress-1   Sabrina
El “808” o “Inés de Castro y el traje de chaqueta

Ella escogió estos  tres para probar y el modista viéndola se dio cuenta del potencial que tenía. Se queda fascinado y desde ese momento la colaboración entre ambos sería absoluta y él aceptará las modificaciones que ella le irá pidiendo para que sus creaciones se adapten mejor a su figura. Uno de los escogidos, el modelo 808 o “Inés de Castro”, se modificará a petición de la actriz: ella lo quiere sin mangas. El escote cuadrado del vestido negro de cóctel pasará a conocerse como “escote Audrey“. El éxito es inmediato, aunque la productora de cine, cicatera hasta el final, ni mencionará al modisto en los créditos de “Sabrina”. Sí aparecerán en la siguiente, “Una cara con ángel”.

Pero si estos vestidos son muy conocidos, el icono, sin duda es el vestido negro de “Desayuno con Diamantes” que “Holly” luce ante el escaparate de la famosa joyería neoyorkina de la 5ª Avenida. Lo escoge la actriz personalmente: sencillo por delante y complejo en la espalda, y es mal aceptado en Paramount, que le cierra la raja al de verdad, aunque la deja en el cartel de la película. Del vestido se hicieron tres copias, para “por si acaso”: uno lo conserva su hijo Sean, otro lo entregó al Museo del Traje y el otro se subastará. Con el importe, la actriz financiará obra social.

001-desayuno-con-diamantes-estados-unidos Cartel de promoción de la película en Estados Unidos

En “Encuentro en París” el modista utilizó una paleta de colores claros. Sólo color: ¡la actriz se veía más favorecida con vestidos monocromáticos que con estampados! En los créditos de esta película se reconocerá al modisto también por los perfumes.

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La gran anécdota de esta película es el cameo de Marlene Dietrich: en honor a su maestro, Givenchy la viste con un modelo de Balenciaga.

 

En Charada se empieza a notar la década de los 60: diseños monocromáticos, más rectos y con cinturón. La actriz los pide más anchos que los originales: marcan mejor su cintura. La prenda estrella de la película es el abrigo. Sus colores intensos, líneas depuradas y grandes cuellos ayudan a reforzar la trama. Tras el rodaje, el protagonista masculino, Cary Grant diría: “todo lo que pido por Navidad es otra película con Audrey Hepburn”. Para Cómo robar un millón Givenchy creó más de doce modelos diseñados especialmente para ensalzar las formas de la actriz. Uno de ellos, de encaje negro,  que utilizará para robar el millón, lo luce con antifaz del mismo género: ya que era una ladrona, quiso el antifaz, símbolo universal del ladrón.  Con todo, fue Funny Faces, dedicada al mundo de la moda, la película cumbre de esta colaboración: más que un musical es un constante desfile de modelos.

givenchy  vestido y chaqueta corta con velo de encaje, diseñado por Givenchy para Audrey Hepburn en la película Cómo robar un millón, 1966

Además de vestir a Audrey Hepburn, Givenchy diseñó muchísimo vestuario para cine y lo hizo para actrices tan emblemáticas como Brigitt Bardot, Juliette Grecó, Liz Taylor, Jean Seaberg, Jeanne Moreau o Anouk Aimée, entre otras. Pero lo que es indudable es, que la minimalista elegancia que desarrollaron juntos Audrey Hepburn y él, era fácil de copiar y por tanto, de trasladar a la gente.

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La clausura de la jornada corrió a cargo de Juan de Dios Orozco, experto en protocolo y director de Protocollum con la conferencia Moda, códigos de indumentaria y protocolo. Su primera frase fue contundente. Nos preguntó por cuál había sido la primera pregunta que nos habíamos hecho cuando decidimos asistir a las conferencias. El público se quedó algo descolocado, pero la respuesta llegó enseguida: ¿Y yo qué me pongo?¿Qué me pongo para ir a una jornada de moda? ¿A una fiesta, a trabajar, a una boda…? Sentó así la  base que ayudará a comprender lo que son los códigos de vestimenta y dejó claros algunos conceptos: “la elegancia es una filosofía de vida, la moda son gustos temporales y la indumentaria crea mensajes”. La moda y los códigos de indumentaria son conceptos enfrentados. La moda es efímera. Los códigos de indumentaria no varían: son normas y reglas, pero también, un sistema de signos para formular mensajes y la elegancia trasciende a la mera indumentaria.

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Con ayuda de cinco fotos del rey nos explicó los códigos de vestimenta: son elementos que ayudan a entender dónde estamos; en que época del año, a qué hora del día; con qué motivo.  Los sombreros, el largo de pantalones y faldas, los bolsos y las joyas son algunos de estos elementos. También habló de los factores que afectan al código de indumentaria: el rango y actividad de las personas, el lugar de la celebración, la cultura… y de su sus funciones: publicitarias, de propaganda. A mayor solemnidad del acto, mayor complejidad del código y mayor grado de exigencia en el cumplimiento de las normas.

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La jornada se cerró con una mesa redonda: La moda en los museos. ¿Deben entrar las creaciones de los modistos en los museos de hoy? ¿Atraerán al público más joven? Debatieron sobre ello el comisario de la muestra, Eloy Martínez de la Pera con el director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, Guillermo Solana;  de Miguel López Remiro, profesor de arte y creatividad de ISEM Fashion Business School-Universidad de Navarra; Rodrigo de la Fuente, subdirector del Museo del Traje; Miguel Ángel Recio, Director General de Bellas Artes, Bienes Culturales y Archivos y Bibliotecas; Lorenzo Caprile, modista y Paula Luengo, Comisaria de las exposiciones del Museo Thyssen-Bornemisza.

Pasamos un día estupendo, aprendimos mucho y salimos convencidos que los protocoleros tienen en este campo, mucho que aportar. Por supuesto, y aunque no lo hayamos dicho ya, visitamos la exposición y pudimos comprobar que los tejidos bordados son, efectivamente, maravillosas obra de arte, que los diseños son realmente sencillos pero tremendamente efectivos, que los colores están como “inventados”, que existe de verdad el vestido de Desayuno con Diamantes.
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y que Jackie o la Duquesa de Windsor debieron dejar pasmados a todo el mundo.

 

Enlace a la entrada del blog de Juan de Dios Orozco sobre lo códigos de indumentaria

(Post escrito conjuntamente con María de Reparaz, del blog www.itziandme.wordpress.com. ¡Gracias por la colaboración y las fotos!)