24 banderas al servicio de la imagen

24 banderas al servicio de la imagen

No teníamos intención alguna de dedicarle un post a una reunión entre un presidente autonómico y el presidente del Gobierno porque no son actos estrictamente protocolarios. Las reuniones de trabajo -como cualquier otra reunión- requiere de algún conocimiento de la organización de actos y del uso de alguna herramienta de las varias que ofrece la técnica protocolaria. Nunca viene mal saber escoger la mesa adecuada al tipo de reunión, ni saberla ordenas; nunca está de más saber qué elementos son imprescindibles y cuál es la forma adecuada de colocarlos para comodidad de quien va a trabajar en ella, nunca está de más poner un metacrilato con el nombre de los participantes por si nos falla la memoria…. ¡de todo ellos hemos hablado tantas veces ya, que no veíamos la necesidad de recordar lo obvio! Con ver las fotos y recordar la teoría todo encajaba.  Pero ha resultado que la reunión anunciada ha sido más bien una puesta en escena de los poderes de cada uno. Y para ello se han utilizado elementos simbólicos, técnicas de cine y mucha producción. Y vosotros nos habéis preguntado por ello. Así que vamos a verlo con ayuda, precisamente, de imágenes. Y partiendo de los comentarios y preguntas que nos habéis hecho.

Sin olvidarnos que aquí hablamos de protocolo y no de política.

La imagen del recibimiento

Una de las preguntas qué más se ha repetido, ha sido la de por qué la presidenta Ayuso había salido a recibir al presidente Sánchez a la calle. Más que explicaciones protocolarias, que las hay,  vamos a utilizar un ejemplo básico de eso que llamamos urbanidad, buena educación o educación social. Vamos a suponer que invitamos a nuestra casa a la presidenta Ayuso. A un cafelito, sin más. Y acepta y dice que viene tal día y a tal hora. ¿Dónde la recibiríamos? ¿En la puerta de casa o sentados en nuestro salón esperando que alguien abra la puerta y la acompañe hasta donde estamos cómodamente instalados? Pues esto es lo mismo. La presidenta está en su casa y viene a verla el presidente del Gobierno. Ya ni de rangos hablamos: también se llama cortesía. Aun así, y como hemos dicho, desde el punto de vista protocolario, se recibe en la puerta a las visita de rango superior al del anfitrión. Sobre recibimientos y líneas de saludo, publicamos este post en febrero de 2016.

El presidente Sánchez llega a la Real Casa de Correos: la presidenta Ayuso, en la puerta, ya está preparada. En esta foto se ve al Jefe de Protocolo de Moncloa, pendiente de esta salida. Para coordinar la llegada y no esperar en balde en la calle, los servicios de seguridad y escoltas están en constante contacto con los de protocolo y van “dando proximidad“, que es como en la jerga se llama al aviso de cercanía: “están saliendo”, “están a 3 minutos”, o lo que sea que hay que avisar.

Saludo con la mano en el corazón del presidente Sánchez. La presidenta Ayuso no hace ni ese, ni ningún otro gesto de saludo de los que la pandemia ha hecho habituales. Este es un enlace al periódico 20 minutos con un video de la llegada. Sobre saludos en tiempos de pandemia publicamos este post en marzo de este año y esta propuesta el viernes pasado.

Firmar en el Libro de Honor siempre es una buena imagen

¿Quién pierde la ocasión de pedir un autógrafo cuando tienes a “la estrella” en casa? Pues, eso. Es cierto, sin embargo, que este tipo de firmas son más propias de visitas que de reuniones. Los protocoleros solemos incluirlas en algún punto de un recorrido para aprovechar esos minutos que dura: nos llevamos a los invitados a otro punto del recorrido, movemos a la prensa al lugar donde está prevista la foto de familia; le damos un respiro al ilustre visitante… ¡un hueco colchón! Mientras uno vigila el perfecto discurrir de esta pequeña ceremonia, los demás corren de un lado a otro ordenando y organizando la siguiente fase. No podemos garantizar que nuestros compañeros de protocolo de las dos instituciones protagonistas del acto lo hicieran, pero estamos casi seguros de que alguna carrera se dieron por los pasillos y escalinatas de la sede del gobierno madrileño.

Sobre firmar en el Libro de Honor, publicamos esta entrada en julio de 2013

Produciendo imagen

Hemos de suponer que tras la firma y el posado de ambos protagonistas en una sala o despacho, daría comienzo la reunión de trabajo anunciada. Pero hasta ese momento todos y cada uno de los pasos que se dieron recordaban más a una producción de cine que a algo de rutina de reuniones. Se rodó -porque grabar es quedarse corto- el ascenso a pie por la escalinata. Desde el punto de vista de un ojo protocolario, la anfitriona ocupa su sitio: si fueran banderas, como las que estaban tras ellos en la sala, la presidenta Ayuso ocuparía el puesto de honor. Acomodados ya para el posado, cambian la posición: es el presidente Sánchez quien ocupa ese puesto. Sobre presidencias par también hemos escrito alguna que otra entrada. Esta es de abril de 2013.

  

El poder de la imagen de las banderas

Para rematar la reunión de trabajo, los dos presidentes dieron una rueda de prensa en la que dar cuenta de su conversación. Para ello se utilizaron dos atriles de metacrilato transparente, que no cortan la imagen como si fuera una barrera, pero protegen a los oradores igual que si fueran de madera. Y se montó una tarima enmoquetada en rojo -color habitual de muchas tarimas, pero también color de la comunidad de Madrid- en el patio acristalado de la Casa de Correos con un lado de la arcada que lo rodea como fondo. Se ve, si. Pero imposible fijarse en ella: las banderas se comen la imagen.

¿Quién decidió este despliegue tan anglosajón de banderas? La escenografía se pacta -o se diseña, o se discute, o se propone- entre los equipos de las partes protagonistas en cualquier evento. Habitualmente formada por los equipos de técnicos en protocolo y comunicación. Entre ambos se busca la forma de resaltar el mensaje que se quiere transmitir -resultado de la reunión, en este caso- buscando también la coherencia con la forma de hacerlo y con el espacio desde el que se dirigen. Pero dado que lo de reunión se había ya sobrepasado y que el diseño del acto era más de una puesta en escena de poderío, impactar era la consigna.

¿Quién gana? Por protocolo, con dos banderas hay para cumplir. Por comunicación y marketing político…¡evidentemente, cuantas más mejor! La imagen es mucho más potente. Al espectador se le van los ojos al telón de fondo:  ¿importaba el contenido de la reunión? En ese preciso instante en el que las cámaras enfocaron la trasera, no. Lo que importaba era transmitir una imagen de fuerza y unidad en un momento difícil por la pandemia y con unas relaciones complicadas entre ambas administraciones. “Unidos” bajo ese paraguas de simbolismo. Que uno no parezca más que otro, que  uno no se imponga al otro, que no haya un ganador y un perdedor. En una sociedad acostumbrada a lo audiovisual, que se informa por los ojos, lo primordial es el momento, la escena, la imagen. El tuit o el titular.  Y eso lo ha conseguido esta puesta en escena: llevamos desde el lunes hablando del poderío de esta puesta en escena

Nos somos nada partidarios de decorar con las banderas: son símbolos nacionales de todos y utilizarlos en beneficio de unos u otros es un error que conlleva el desapego a los mismos del que luego nos quejamos.  Hemos escrito mucho sobre su ordenación en el blog. En esta entrada, que es de julio de 2012,  las ordenábamos en sus mástiles y peanas. Número par, número impar, fila única, doble o triple fila. Si hemos dicho que en este escenario se ordenaron 24 banderas, ¿cuál preside: la española o la madrileña?

Como hemos dicho al principio: hablamos de protocolo, no de política

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Fotos: El País; Aquí en la Sierra; El Periódico😉